© 2013 Silvia Domínguez Vidal

Demasiada ira

Hoy no os dejo una fotografía. Hoy creo que es un día para las palabras. Ese símbolo de interrogación me parece muy elocuente. Porque hoy quiero hablaros del diálogo, de la opinión, de la necesidad de cuestionarnos.

Hay demasiada ira en el ambiente, y la ira impide pensar con claridad.

No es algo nuevo. De hecho solemos pensar que es algo muy español. Ayer mismo leí en una entrevista a Antonio Muñoz Molina lo siguiente:

“Lo difícil que es en este país la disidencia verdadera. Tenemos una idea falsa de nosotros mismos, según la cual somos gente vehemente, que dice lo que piensa y que eso nos distingue de los extranjeros. Pero aquí es muy difícil decir lo que se piensa. Vivimos en una sociedad en la que, por falta de tradición democrática, existe una incapacidad de aceptar con naturalidad las opiniones o las informaciones que contradicen la ortodoxia establecida por un grupo. (…) Es curioso que en un país que se dice tan individualista exista una fuerte coacción del grupo, la coacción ortodoxa, como en la contrarreforma, la acusación de que “tú no eres de los nuestros”. España no es nada individualista. Mentira. Es una sociedad en la que el debate público es imposible. El debate público verdadero. Lo que se hace es el ladrido agresor. Todo está lleno de eso.”

Y es verdad. Llevo tiempo pensándolo. Aquí parece que porque soy progresista tengo que defender esto y oponerme a esto otro. Y viceversa. Si soy conservador he de defender estos valores y no otros. Es decir, las dichosas etiquetas que siempre he odiado. Las terribles etiquetas que la gente se pone en la solapa, que nos ponemos, y de pronto nos lavan el cerebro y nos hacen actuar como parte de un rebaño y no como individuos.

Ayer mismo también leía en las redes sociales cómo hay gente que reprocha a Pilar Bardem, y a su hijo y su nuera, Javier Bardem y Penélope Cruz, que defiendan la Sanidad Pública cuando para que naciera su nieto, es decir, diera a luz Pe, cerraron una planta de un hospital en Los Ángeles. Bien. Pues he de decir que no me parece incoherente. Voy a decir alto y claro que me parece bien que hagan lo que quieran para el nacimiento de sus hijos y además defiendan la Sanidad Pública. ¿Por qué? Porque en primer lugar, ese niño nació en Los Ángeles, California, Estados Unidos, en un hospital absolutamente privado, el Cedars-Sinai. Tratándose de sanidad privada, hagan ustedes lo que quieran. Especialmente en un país donde el tema de la sanidad pública es espinoso. Que esta mujer y esta pareja, teniendo esas posibilidades no las aprovechen, pues ya es libertad de cada uno o no. Y que por ello parezca incoherente que los Bardem-Cruz defiendan la sanidad pública es, en mi opinión, tan ridículo y absurdo como decir que una persona que tiene un coche de lujo ha de estar por definición en contra del transporte público y no tenga derecho a defenderlo.

¿Le suena a alguien la palabra solidaridad? Así la define la Real Academia de la Lengua Española:

1. f. Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros.

Así que por definición, implica apoyar a otros que están en otras circunstancias.

También he visto en las redes críticas a Maribel Verdú, por sus palabras recogiendo el Goya, acordándose y dando voz en una Gala con trascendencia internacional, a los que están sufriendo el drama de los desahucios en este país. Porque su marido tiene siete teatros. Porque llevaba un vestido y joyas de lujo. Porque trabaja en el cine español, donde el sistema, es verdad, es una vergüenza, porque no existe industria, sino que está al 100% subvencionado y lo pagamos con nuestros impuestos los españoles. De acuerdo, pues vayamos por partes. Si el esposo de Verdú es propietario de siete teatros me parece muy bien, aunque el teatro también está subvencionado. No me parece mal que se dediquen a la interpretación o al mundo de la escena. Me parece mal cómo está montado el sistema. Porque no se trata ni de que vivan al 100% a nuestra costa ni que se deje morir el Arte por falta de medios. El traje y joyas que llevaba la actriz en la gala, es bien sabido que se prestan a los nominados por las casas de lujo, no son de su propiedad. Y si lo son, pues mejor para ella. Y finalmente, si el sistema sobre el que está montado el cine y el teatro en España es a todas luces injusto e impide que aquí exista una industria, no es algo que dependa única y exclusivamente de Maribel Verdú y su marido. ¿Que podría decirlo claramente y oponerse a ello para que se rompa de una vez la baraja? Sí, me gustaría. ¿Que podría decir que en los cines españoles las películas españolas ya están pagadas previamente por los ciudadanos y por tanto la entrada del cine debería ser únicamente el importe que corresponde a la distribuidora y a la sala donde se proyecta? También. Pero seamos realistas. Roma no se construyó en un día. Verdú y su marido al menos trabajan para lo que les pagamos. Otros se lo llevan crudo y para colmo no mueven ni un dedo.

Fenomenal que se abra el debate. Fenomenal que se critique el sistema del cine y el teatro español. Fantástico que se rompa la baraja. Pero también me parece estupendo que aprovechando una plataforma pública como es la entrega de unos premios de cine, una actriz española de voz a la gente que lo está pasando mal. Porque si aquí tiene que hablar el único que no esté salpicado directa o indirectamente por un sistema corrupto, no podría hablar nadie. Y si no habla nadie no se cambian las cosas. Y si no se dan pequeños pasos no se cambian las cosas. Y decir algo que está bien no debería ser invalidado porque perteneces a una profesión que se subvenciona, o porque tu marido es un empresario que mantiene funcionando siete teatros con la que está cayendo. Nadie es perfecto. Nadie. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Cómo nos gusta arrojar piedras…

Candela Peña. Otra. Y aquí vengo a hablar de las formas. Todo el mundo alabándola por decir al recoger su premio Goya que vió morir a su padre en un hospital público sin mantas ni agua, que lleva tres años sin trabajar, que ha tenido un hijo y tiene que alimentarlo. Perfecto. Pero como dice una persona que considero que tiene muuuucho sentido común y pertenece también a la profesión… Eché algo de menos. Las formas. Candela sentía mucha ira y se notaba. Denunció, y me parece bien. A algunos les incomodó que habiendo trabajado tanto antes, permitiera a su padre estar en un hospital público. Bueno, quizá la razón es que la sanidad pública en este país tradicionalmente ha sido la que mejores medios tenía. Siempre he oído decir que si tienes algo realmente grave, ve a un hospital público. Quizá Candela Peña no tenía la capacidad económica para hacer otra cosa. Quién sabe. Es su vida. Dice mi suegra con mucha razón que “más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena”. Lo que es cierto es que si lo que denunció es verdad, es intolerable. Y no deja de ser reflejo del desmantelamiento que está sufriendo la sanidad en este país. Bien por contarlo. Lo que le faltó a mi amiga y lo que me faltó a mi fue que exigió trabajo, por su tono lo exigió. Quizá porque ha probado por primera vez la desesperación que sufren muchos actores en este país, y creo que alrededor de todo el mundo, al no poder trabajar. Creo que quizá su ira le impidió usar ese dolor para denunciar la situación precaria que existe en esa profesión. Que habló solo de si misma, cuando podría haber extendido su protesta englobando a sus compañeros. Quizá no la comprendimos y hablar de su vida fue su manera de empujar, de sumar. No se sabe… Fallaron las formas y sentirla más solidaria. Lo estaba intentando, pero no sé si sus compañeros lo sintieron así. Pero no por eso lo que dijo fue mentira. Fue duro y una bofetada que quizá fuera necesaria. Y se agradece al menos el esfuerzo. Quizá olvidó que las formas permiten que te escuche con atención mucha más gente. Y tienen su importancia. La realidad es la realidad.

Y la realidad es que yo misma he sido educada en colegios privados. Siempre he sido asistida por médicos privados (en muy pocas ocasiones me han atendido en la medicina pública). Tengo coche propio, y de hecho he conducido coches buenos. Y sé que mi situación no es la de la mayoría de la gente, porque entre otras cosas vengo de familia humilde, trabajadora, que a base de mucho esfuerzo logró tener una buena situación económica, pero no olvida a los que no fueron tan afortunados. Si por ello consideráis que no puedo defender la educación pública y de calidad, la sanidad pública y universal, la existencia de un buen transporte público, lo siento por vosotros. Porque las etiquetas no os dejarán ver que nada importa lo que tengo o dejo de tener si lo que defiendo es bueno. Si todos los que tenemos casa, coche, seguro privado y han sido educados o llevan a sus hijos a un colegio privado tenemos que tener la boca cerrada y no podemos reivindicar que con nuestros impuestos se de educación y sanidad, a los que no pueden permitírsela, pues mal vamos. Si los arrendadores no pueden estar en contra de los deshaucios inhumanos y una ley hipotecaria absolutamente injusta, mal vamos. Porque necesitamos muchas voces, todas las voces posibles, para cambiar este mundo.

Así que dejemos de mirar lo que hacen o dejan de hacer los demás. Dejemos de tirar piedras. Si lo que dicen es justo, apoyémoslo. Porque señores, les cuento un secreto: la vida no es blanco y negro. Es posible aplaudir a Maribel Verdú por sus palabras hacia los desahuciados y al mismo tiempo pedirle que empuje para que el cine en España sea una industria de verdad y no algo que los españoles pagamos al 100%.

Por favor, maduremos. Dejemos las etiquetas a un lado. Y opinemos. De verdad. Con sentido y coherencia. Y sumemos, no restemos. A la primera que me digo esto es a mi misma, porque seguro que yo he restado en alguna ocasión. Pero si quiero cambiar el mundo he de empezar por cambiar yo. Por eso os he despertado con esta larguísima reflexión. Porque hoy me he levantado con la necesidad de opinar libremente, de sumar. Podrás estar de acuerdo o no. Y no pasa nada. ¿Recibiré críticas por lo que digo? Seguro. Pero no me importa, he perdido el miedo. Quizá alguna me aporte algo nuevo.

Si algún día asimilamos que de verdad no pasa nada por pensar distinto, o que el vecino piense distinto, nos irá mucho mejor. Y ojo, seguiremos siendo españoles. Quizá la versión 2.0.

 

 

Un comentario

  1. Publicado el 21/02/2013 a las 12:35 pm | #

    Hablás Silvia, de no etiquetar y de dar lugar a aparentes “contradicciones”.
    Pienso que detrás de eso hay algo grave, y es la pereza de pensar. Lo que en Argentina llamaríamos la “fiaca” mental.
    Es mucho más fácil ver tres rasgos de una persona, etiquetarla como conservadora o etiquetarla como de izquierda y dar por sentado que ya se conoce TODO su pensamiento, paralizándolo y estructurándolo bajo el peso de nuestro rótulo.
    Lo difícil es abrirse a lo verdadero, que es muy esquivo. Me parece que la verdad no es UNA. Juega a las escondidas, se muestra por pedacitos. En ciencia, en filosofía, o en lo que es mi amigo, mi vecino, o mi enemigo…
    Sospecho que cuando decimos “¡¡Pero no puede seeeer!” Es que sí, que es… pero no entra en nuestros limitadores esquemas.
    Me decía un amigo empresario – no sé si será verdd – que tras veinte años de estabilidad en la zona del Euro, a los españoles les cuesta comprender que haya cambios, inestabilidad, Justo al revés de los argentinos, a los que la estabilidad, la coherencia, las reglas de juego estables, creo que nos desconcertarían…
    Resumiendo en clave educativa: me parece que la escuela al pretender dar un conocimieto FIJO, mata la posibilidad de econtrarnos en paz con la realidad cambiante.
    ¡Ya lo decía el viejo Heráclito: “No nos bañamos dos veces con el mismo jabón!”