© 2011 Silvia Domínguez Vidal La dieta de las sardinillas

La dieta de las sardinillas

He tardado un poco más de lo que habría querido en escribir de nuevo aquí. Como más de una vez me habréis oído decir, es que estos últimos días no me daba la vida… De hecho, esto lo escribo a bordo de un avión, camino de una semanita de descanso con mi chico. No he podido hacerlo antes. Ay el tiempo, el tiempo…

Seguro que si hablo de falta de tiempo, todos los que vivís en Madrid o una ciudad más o menos grande sabéis muy bien de lo que estoy hablando. Bueno, quizá algunos privilegiados, no, pero seréis la excepción y me alegraré por ello.

La falta de tiempo es una pandemia. Todos querríamos hacer más cosas al día de las que realmente acabamos haciendo. Siempre nos faltan una hora, dos, tres…Todos corriendo de un lado a otro, como pollos sin cabeza. Vivimos demasiado deprisa. Vaya sociedad la nuestra, esto no va bien.

Uno de mis propósitos de año nuevo era escribir este blog para intentar frenar y arrancarle a mis días un rato de reflexión fotográfica. Por ahora, este ya será el tercer post, así que tampoco voy tan mal ¿no?.

Mi otro propósito de año nuevo era perder peso. Y no lo decidí porque no me valiera la ropa (que también). Un buen día, en plenas navidades, me di cuenta de que estaba total y absolutamente empachada. Mi cuerpo me dijo, “ya te vale, bonita, que ya ni te apetece tomarte un trozo de roscón de reyes, con lo que te gusta”. De pronto me di cuenta de que estaba comiendo por comer, con ansiedad, hartándome. La prisa se me había colado hasta en el simple hecho de comer. Y eso no es sano.

Así que, por la misma razón que comencé el blog, para frenar, me puse a dieta, o mejor: empecé a cambiar mis pautas de alimentación. Decidí comer más sano y más ordenadamente. Y va funcionando, ya he perdido peso.

Pero las prisas siguen aquí. Me sigue ocurriendo que llega la hora de comer y en demasiadas ocasiones ni siquiera me da tiempo a prepararme la comida. Como ahora estoy en plan estricto con mi alimentación, ya no era cuestión de hacerme un sandwich de queso como tantas otras veces y tirar. Necesitaba algo que pudiera comer rápidamente, me alimentara y estuviera rico. Y me acordé de las sardinillas.

Ya conocéis a Fina. Ahora os hablaré de mi abuelo Salva. Muy buena gente, y aunque no sea muy expresivo, siempre está pendiente de cómo estamos. Cuando después del verano vamos a regresar a Madrid, Fina siempre intenta llenarnos el maletero con todo tipo de cosas ricas: patatas, manzanas, ¡e incluso mejillones! Trato de explicarle que vale, que nos llevamos algo, pero que 5 kg de mejillones es demasiado. Entonces un buen día, llega el abuelo Salva y me dice: “llévate estas latas de sardinillas que están buenísimas, a mi me encantan.” Y entonces claudico. “Vale, eso cabe en el maletero”. Así, las latas de “La Churrusquiña” llevaban en la alhacena desde verano, y reaparecieron triunfales en mi vida cuando buscaba algo rápido que comer.

Llevo varios días acordándome del abuelo, y agradeciéndole en el alma las sardinillas. Me están ayudando a adelgazar y me alimentan estupendamente. Y lo que es mejor, efectivamente, están deliciosas. Mientras las echaba en el plato, pensé: “qué bonitas se ven, y qué curiosa y colorida es la lata… Mmmm… con esta luz, esto se merece una foto”. Pero claro, ir a buscar la cámara me retrasaría más. Me veía a mi misma perseguida por aquel personaje de Alicia en el País de las Maravillas, que no hacía más que decir “¡hay prisa, hay prisa!”. De nuevo necesitaba una solución rápida. Y recordé mi recién estrenado iPhone y una aplicación, Hipstamatic, que me descargué rápidamente como buena friki de la fotografía que soy. “Oye, pues voy a probar a ver qué tal sale con este aparatejo”.

Igual que las sardinillas, el aparatejo ha resultado ser todo un invento. Una cámara, con sus limitaciones, claro, pero capaz de hacer fotografías como la que comparto hoy con vosotros. De golpe, dos soluciones rápidas bastante buenas para matar el gusanillo: las sardinillas para el del hambre y el iPhone para el de fotografiar.

Sí, lo sé. Sigo teniendo que bajar un poco el ritmo. Aunque no lo parezca, voy haciendo progresos. Por lo pronto, ahora escojo comida rápida sana. Y la cámara de mi móvil es bastante mejor que antes.

Más de uno pensará que se nota que estoy a régimen, que no hago más que colgar fotos de comida, y puede que no le falte razón. Pero me interesaba más contaros mi reflexión, así que no renunciaré a colgar mi “dieta de las sardinillas” para deciros que, mientras sigo avanzando en eso de vivir a un ritmo normal, ya he dado otro pasito hacia adelante: tomar mejores decisiones para sobrevivir en medio de las prisas. ¡Hemos ganado una batalla y ganaremos la guerra!

4 Comentarios

  1. Beatriz Rivas
    Publicado el 02/02/2011 a las 10:07 pm | #

    QUE VIVAN LAS SARDINILLAS!!!!!!

    • Silvia Domínguez Vidal
      Publicado el 05/02/2011 a las 4:03 am | #

      Que vivan!!

  2. Susana Perez
    Publicado el 03/02/2011 a las 12:46 pm | #

    Todos deberíamos seguir tu ejemplo y bajar el ritmo.Estaríamos mejor!!

    • Silvia Domínguez Vidal
      Publicado el 05/02/2011 a las 4:04 am | #

      Puff, Susana, no creo que yo sea un ejemplo a seguir, todavía no he conseguido nada… ya quisiera yo!! Pero está claro que está bien que todos nos lo propongamos, que seguro que alguno lo conseguimos!! :)
      Gracias por pasarte por aquí!!