© 2012 Silvia Domínguez Vidal

Normalizar

La primera vez que escuché esta expresión en el sentido al que me voy a referir a él fue mientras trabajaba en la fotografía fija del documental Elige siempre cara realizado por los pezado de artistas que son La Caña Brothers para CESIDA. Fue durante la entrevista a Udi, Udiarraga García, presidenta de CESIDA y una mujer con las ideas claras no, cristalinas.

El documental, ganador de numerosos premios, a día de hoy es merecedor del más importante: la labor de concienciación que ha desempeñado y desempeña (se sigue utilizando como material didáctico). Fue emitido hace muy poco en la Noche Temática de la 2 de TVE, y en él, por primera vez en 30 años, los afectados por el VIH hablan en primera persona, cuentan su historia y dan la cara. La experiencia de trabajar en este proyecto, literalmente, nos cambió a todo el equipo que formamos parte de él. Lo que aprendí de todas estas personas es algo que está más allá de lo intelectual… afectó a mi propia manera de ser. Tomé conciencia de lo poco o nada que sabía sobre la realidad del VIH, y de la necesidad de saber y escuchar.

Recuerdo el día del estreno, cuando amigos, familia, y los cientos de invitados que asistieron, entraron en la sala. Cuando salieron eran otros. Muchos me contaban lo ignorantes que se sentían, alucinaban con la realidad que acababan de conocer, se avergonzaban de los miedos absurdos que, como yo, habían tenido en cuanto al contacto con una persona que convive con el VIH, de pronto sentían que tenían los ojos más abiertos. Y se acercaban a hablar con los verdaderos protagonistas del documental: los valientes que dieron la cara y contaron su realidad en él.

Recuerdo perfectamente la cara de Pedro, de Teresa, de Begoña, de Julián… de tantos y tantos valientes que estaban allí, cuando comentaban que la gente se acercaba a darles las gracias, a decirles una palabra de cariño… Lo recuerdo ahora y se me sigue erizando la piel de la emoción. Fue un momento mágico.

A eso se refería Udi cuando hablaba de normalizar. Esta pequeña mujer por fuera, y grande por dentro, era perfectamente consciente de que había llegado el momento en que la sociedad tenía que conocer la realidad de los afectados por el VIH, saber que están integrados en su día a día, que muchos no dicen que padecen la enfermedad o son portadores por miedo al rechazo, cuando la realidad es que no es tan fácil que te transmitan el virus y todo está muy controlado a día de hoy… Como una amiga de Salva, uno de los afectados que compartió con nosotros su realidad, yo también me pregunté si podía «contagiarme» si un mosquito le picaba a él y luego a mi estando en la misma habitación. Y me sentí igual de ridícula e injusta cuando descubrí que, primero, el VIH no se contagia, no está flotando por el aire, sino que se transmite cuando se realizan unas prácticas muy concretas que están muy estudiadas y que pueden controlarse con determinadas precauciones, y segundo, cuando fui consciente de que esa picadura del mosquito no es ni por asomo una vía de transmisión del VIH. El VIH no es un catarro. Olvídate de eso.

La realidad es que hoy por hoy, trasmitir el VIH no es tan fácil. Y para los que tengáis dudas, os invito a visitar la web de la campaña Elige siempre cara. INFORMAOS.  Tengáis un familiar, un amigo o un conocido con VIH … O NO. Especialmente si no lo tenéis. Porque el saber no ocupa lugar, y menos cuando esto redunda en tu propia salud y tiene tanta importancia como tratar con dignidad a las personas que padecen una enfermedad que estigmatiza tanto como el VIH, cuando a día de hoy con los tratamientos existentes en nuestro país y en el primer mundo (desgraciadamente sigue matando mucho en el tercero) se ha convertido en una enfermedad crónica y muchos de los afectados viven muchos años en tu barrio, en tu edificio, en tu trabajo…

No se merecen ese estigma. No hay que tenerles miedo. Son personas como tú, como yo, que padecen una enfermedad crónica a día de hoy como puede ser la hepatitis o la diabetes. Con tratamiento de por vida y que necesitan tomar determinadas precauciones en algunos casos. Nada más. Y nada menos. Porque vivir con su enfermedad les ha enseñado muchas cosas que nos pueden enseñar a nosotros. Como me pasó a mi, como les pasó a mis compañeros. Mi vida es más rica desde que los conocí.

Y Udi tiene razón. Hay que normalizar, es decir, hay que integrar a estas personas en nuestras vidas de una manera normal. Nada de miedos, nada de aspavientos, nada de miradas de medio lado, nada de estigmas. Aportan a nuestra sociedad mucho. No se merecen tener que ocultar que son portadores o padecen la enfermedad. Igual que tampoco están obligados a publicarlo. Deberían tener libertad para decidir cómo manejar esa información, sin miedo a que afecte o deje de afectar a su relación con el mundo.

Normalizar, según el Diccionario de la RAE, es

1. Regularizar o poner en orden lo que no lo estaba.

2. Hacer que algo se estabilice en la normalidad.

Eso demandaba Udi, eso demandan las personas afectadas por VIH…  Porque cuando algo está puesto patas arriba, desajustado, para poder eliminar esa desigualdad, esa falta de normalidad, hay que denunciarlo, hay que decirlo, hay que reivindicarlo, hay que irse al otro extremo muchas veces para que, por fin, cuando el momento adecuado llegue, dejar que el péndulo pare en el centro, poniendo en orden lo que no lo estaba.

Eso ocurrió con el VIH cuando hace 30 años empezó a hacer estragos. Instauramos la cultura del miedo en torno a esa enfermedad porque no sabíamos ni qué era, ni cómo se comportaba, ni cómo se transmitía… Mucha gente se quedó en el camino. Tenemos la idea del VIH unida a la de muerte irremediable. Ese momento extremo ya pasó. Ahora tenemos la información, ahora tenemos los medios, los tratamientos. Es hora de normalizar. Es hora de convivir, es hora de que el miedo se esfume y podamos disfrutar de la compañía de unos y otros. Con cabeza, con conocimiento, con información. Que igual que tenemos cuidado para no contraer una hepatitis, lo tengamos para no contraer el VIH.

Udi y su idea de normalizar volvió a mi cuando el pasado día 8 de marzo, día Internacional de la Mujer, leí que Ouka Leele no participaba en los eventos del mes de marzo. Me llamó la atención. Leí en Vanity Fair una entrevista en que decía «El 8 de marzo no beneficia a las mujeres». Lees la entrevista y entiendes sus razones. Yo incluso las comparto. ¿Por qué la separación?, se pregunta. La igualdad en el terreno de la mujer pasa porque se nos considere iguales, no especiales. Especiales somos todos, hombres y mujeres, mujeres y hombres. Pero luego recuerdo que esa desigualdad sigue existiendo en muchos lugares, incluso en España, y que la labor de concienciación sobre esta realidad debe seguir adelante, que es bueno que se recuerde. Bárbara Allende lo sabe y por eso sigue desempeñando una labor de concienciación importante, la última con su cortometraje  ‘PourQuoi?’.

Eso sí, me sumo a su crítica: esta labor no sólo ha de hacerse en marzo, y en estas campañas me parece algo absurdo que se trate de mostrar sólo «cosas hechas por mujeres«. Como si no pudiéramos hacer cosas el resto del año. Además, no olvidemos que muchos hombres comparten la lucha contra la desigualdad. ¿Por qué no incluirlos? Muchos lo demandan, hace muy poco fui testigo de un momento así, hombres preguntando ¿por qué nos excluís?. Muchas mujeres lo vemos y estamos de acuerdo con ellos. No es una causa nuestra, es una causa de todos.¿Por qué no un frente común? ¿Por qué no normalizar? Creo incluso que es más impactante para un hombre machista ver que no es aplaudido por otro hombre que si el reproche se lo hace una mujer. Todos tenemos papeles importantes que desempeñar.

Así que me quedo con lo que decía Udi, le tomo prestada la palabra. Hace falta normalizar muchos ámbitos de la vida.

Normalicemos. Saquemos las cosas de los extremos cuando ya no es necesario. Quedaos con esa palabra, que os resuene en la cabeza como me ocurre a mi. Integradla en las causas que nos importan, en la lucha del VIH, en la igualdad de género entre hombres y mujeres, en tantas cosas… Caminemos unos al lado de otros, ni delante ni detrás. Normalicemos, y logremos que el péndulo se detenga en el centro, el punto donde está el equilibrio. Ya es hora.

Un comentario

  1. Publicado el 08/04/2012 a las 1:46 pm | #

    Me gusta, Silvia, tu idea del péndulo en el centro… pero lo veo ahí inmovil, ahí, como muerto…
    Los gnósticos hablan de dos dioses, uno malo y otro bueno… y embaldosan sus pisos con mosaicos negros y blancos para no olvidarlo…
    Creo que un mundo donde solo haya justicia y bien es un mundo tan muerto como aquel en el que solo haya maldad…
    La foto toda blanca o toda negra no es ni siquiera foto…
    Por eso creo en la necesidad de planteos como el tuyo, de lucha en pro de la igualdad, para equilibrar la desigualdad, y a favor del juicio fundamentado, para evitar el prejuicio, de promoción de las normalidades para equilibrar las anormalidades, que las habrá siempre.
    Acaso el único modo de llevar el péndulo al medio sea llevarlo a la otra punta, para hacer equilibrio, porque el péndulo, para que haya vida debe moverse y acaso la llamada «locura», sea un modo de que el péndulo no se vaya tan allá, tan pal otro láu…